Reflexiones en torno a The Purchase of Intimacy

A menudo, cuando desde el sentido común pensamos en la intimidad y en las relaciones íntimas, tendemos a asociarlas con los ámbitos de las emociones y de lo privado. Asimismo, tendemos a connotar positivamente este ámbito privado y la esfera de las emociones como espacios de recogimiento personal, espacios seguros en los que, rodeados de las personas que nos son más cercanas, permanecemos protegidos de un potencialmente agresivo mundo exterior. En la esfera más íntima y privada, las personas se mueven por sentimientos y emociones, por lealtades y ternura, no por intereses económicos, políticos o de otros sesgos que pertenecen a todo lo que pasa más allá de la puerta de casa.

Sin embargo, cuando nos distanciamos de la visión del mundo dado por descontado, nos damos cuenta de que la asunción de que sólo nuestras vidas íntimas y privadas son los ámbitos privilegiados en los que surgen y florecen las emociones es tan falsa como la idea de que las personas pueden estar seguras y protegidas de un mundo exterior hostil ancladas en la siempre amable esfera íntima.

El libro de Viviana Zelizer The Purchase of Intimacy (2005) desenmascara la falsedad de estas dos evidencias del conocimiento cotidiano y afirma que la esfera íntima no está en absoluto separada de la esfera económica y que, en las condiciones de la sociedad actual , los entrecruzamientos entre esfera íntima y economía son múltiples y, más a menudo de lo que quisiéramos, fuente de conflicto. Pensar que en el ámbito más íntimo y privado los intereses económicos quedan suspendidos y que nos movemos por una lógica únicamente guiada por emociones cálidas es obviar una parte importantísima de nuestras vidas cotidianas en estos ámbitos, advierte Zelizer. Para ilustrar esto, la autora centra su libro en los procesos, deliberaciones y resoluciones legales que tienen lugar cuando personas que están (o han estado) inmersas en una relación íntima van a los tribunales por disputas o bien directamente económicas o bien indirectamente económicas (dado que se delibera en torno a compensaciones económicas por daños de otro tipo. A través de sus análisis, Zelizer nos muestra el esfuerzo titánico que han de hacer los tribunales para clasificar y dar nombre a la gran variedad de relaciones íntimas, cambiantes y fluctuantes, que se ven involucradas en los casos a resolver, y como a partir de esta clasificación tan costosa (ya veces arbitraria) se derivan una serie de deberes y derechos económicos (o falta de los mismos) que, en un determinado lugar y momento, son definidos como pertenecientes al tipo de relación íntima que previamente se ha identificado.

Vale la pena detenernos por unos momentos a considerar la definición de relaciones sociales íntimas que nos ofrece Zelizer en su libro. Así, la autora afirma: ‘‘(l)et us thing of relations as intimate to the extent that interactions within them depend on particularized knowledge received, and attention provided by, at least one person – knowledge and attention that are not widely available to third parties. The knowledge involved includes such elements as shared secrets, interpersonal rituals, bodily information, awareness of personal vulnerability, and shared memory of embarrassing situations. The attention involved includes such elements as terms of endearment, bodily services, private languages, emotional support, and correction of embarrassing defects. Intimate social relations thus defined depend on various degrees of trust.’'(Zelizer 2005:14-15, la negrita es nuestra)

Siguiendo esta definición, nos damos cuenta de que la intimidad está estrechamente vinculada a la vulnerabilidad y al acto voluntario de confiar esta vulnerabilidad a otra persona o bien, y esta diferencia es extraordinariamente relevante, al hecho de ser forzado / obligado a confiarla. Así, el mágico momento de una primera caricia es íntimo, como también lo son el beso de buenas noches de una madre o la descripción del dolor de un paciente a su médico, pero también es íntimo el grito desesperado de una mujer violada, o la respiración pesada de su agresor. La intimidad, en sí misma, no es amable y segura y la vulnerabilidad, a veces, puede convertirse en preciosa.

La intimidad, expresándolo en términos simmelianos, puede ser considerada como una forma que puede envolver gran diversidad de contenidos; agradables, desagradables, deseados, temidos, odiados, anhelados. La forma de la intimidad es una posible forma que puede adoptar una relación, y hay tipos de relaciones que (sólo) son posibles contenidas en un formato íntimo.

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Sociology of Emotions - Research Group
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