Amor y dinero

En las relaciones amorosas siempre se han mezclado atracción, sentimientos e intereses, a veces lo han hecho de forma armónica, a veces de forma contrapuesta o incluso conflictiva.

Romeo y Julieta, anticipándose a los siglos venideros, plantean el conflicto entre el individuo que quiere ser fiel a sus emociones frente a los intereses y el honor de las familias. Cuántos padres -aunque los “intereses” puedan variar con el tiempo-, no desaprueban las relaciones amorosas de su hijo o de su hija porque consideran que se merece mucho más de lo que va a recibir a cambio, si a cambio solo recibe amor (o sexo); mayor es el disgusto cuando el capital que él o ella aporta a la relación es bien diferente del amor o el sexo que pueda recibir a cambio.

No obstante, el amor rompe fronteras y puede justificar millones de enlaces. Difícilmente unos padres “modernos” desaconsejarían a sus hijos no casarse por amor. Pese a que en la práctica está llena de cálculo, no parece que pueda aceptarse, moralmente hablando, casarse sólo por dinero, sólo por interés, sólo por obtener algún provecho (que no sea el amor, el cuidado mutuo, la solidaridad, la compañía, es decir, todo eso que se dice no puede comprarse con dinero cuando realmente vale y es auténtico). Además, ah!, ya se sabe, el amor nos lleva a cometer locuras. Así, bien puede juzgarse que el amor se haya convertido en la religión de los tiempos modernos (Beck, U i Beck-Gernsheim, E., 2001). Por eso, incluso quién abandona familia y trabajo por amor, porque no puede renunciar a ser fiel a sus sentimientos, encuentra la comprensión de sus amigos y allegados.

Como mínimo, dos órdenes de problemas y de temas se entrecruzan en este tipo de aparente paradoja: el maridaje del capitalismo y las emociones y las reacciones que este matrimonio suscita.

Aunque la autora de referencia para el primer tema es Eva Illouz (a quien volveremos repetidamente en este Blog porque este es uno de los temas importantes en muchos de nuestros proyectos), aquí nos referiremos al libro €0$. La superproducción de los afectos, de Eloy Fernández, reciente premio Anagrama de ensayo, porque sintetiza bien, con mucha inteligencia (e ironía) los entresijos y las paradojas de la confluencia entre el amor, las emociones y el dinero. “Nuestra época se caracteriza por el capitalismo emocional, en el cual las formas de producción y venta pasan por la sensibilidad del consumidor, y la construyen “ [y recuerda que, como dice Illouz, el capitalismo ha llevado el sentimiento al corazón mismo de sus transacciones] (Fernández, 2010: 31). Desde su perspectiva, el capitalismo no debe juzgarse como una intrusión perniciosa en la “economía” de las emociones, o en la lógica del amor, al contrario, pues al incorporar el capitalismo el amor en su agenda, no ha hecho más que suscitarlo. No lo corrompe o lo banaliza, sino que lo produce y estimula (Fernández, 2010: 40).

Esta apreciación no es compartida por una buena parte de las teorías que discurren sobre las relaciones entre amor (emociones y vida íntima) y dinero (racionalidad económica). Para quien quiera analizar este segundo orden de temas, nos remitimos al libro que ya hemos presentado de Viviana Zelizer, La negociación de la intimidad.
La pregunta que está en el aire es si el uso del dinero representa una forma de degradación de las relaciones íntimas, a la vez que la intimidad interpersonal torna ineficiente la actividad económica. La penetración de un mercado en permanente expansión ¿amenaza la vida social íntima?

A este inquietante interrogante, que pudiera sumir en dudas a algún padre o madre reflexivo, ha recibido, como explica Zelizer, tres tipos de respuesta (Zelizer, 2010)

Una: Las que afirman que sí son esferas separadas y mundos hostiles y se produce una inevitable contaminación y desorden cuando se ponen en contacto el uno con el otro, es decir, los sentimientos y solidaridad con cálculo y la eficiencia. La intimidad solo será posible si se ponen barreras afectivas a su alrededor; la racionalidad en la esfera privada destruye la solidaridad. Pero también hay que prevenir que la intimidad no contamine la racionalidad del comportamiento económico puesto que los sentimientos en la esfera económica generan favoritismos e ineficiencia.

Dos: Un segundo grupo responde “nada-más-que”, es decir, lejos de constituir un encuentro entre dos principios contradictorios, la mezcla de actividades económicas y de intimidad, no es nada-más-que otra versión de una actividad normal del mercado (no hay nada-más-que racionalidad económica), nada-más-que una forma de expresión cultural (no hay nada-más-que cultura), nada-mas-que una forma de ejercicio del poder (no hay nada-más-que política).

Tres: Las dos opciones anteriores son erróneas. Las personas que mezclan intimidad y actividades económicas están activamente comprometidas en la creación y negociación de “vidas conectadas”. Esta es la respuesta de Zelizer y lo que su libro trata de mostrar. Las personas se las ingenian para integrar las transferencias monetarias en redes más vastas de obligaciones recíprocas sin destruir los lazos sociales involucrados. El dinero cohabita regularmente con la intimidad, e incluso la sustenta. No obstante, conviene matizar, las reglas de las transacciones económicas del mercado no son las mismas que las de las actividades económicas en las zonas de la intimidad (pero este es un tema que aquí no vamos a tratar).

Ocurre que esta imbricación entre la esfera íntima y la económica, entre el amor y el dinero, tiene mala prensa. Y es que en este debate, dice Fernández Porta, hay una cuestión que al humanismo le ha costado tragar: que el “economicismo utilitarista norteamericano, en su intento de obtener el máximo beneficio en el menor espació de tiempo posible, con su manifiesto desinterés por toda consideración moral, con su notorio desdén por la tradición, por el valor intrínseco del sujeto, por la dignidad –por la verdad, en suma-, en ese movimiento irreflexivo hacia la acumulación de capital, ha desarrollado modos y estrategias para forrarse que, contra toda previsión, y sin un ápice de buena voluntad por parte de sus agentes, que carecen por completo de escrúpulos, han acabado generando, como efecto secundario y acaso indeseado de la voluntad de poder, formas de individualismo, subjetividad, reconocimiento y afecto que el humanismo nunca había imaginado y jamás logrará construir por sí solo.” (Fernández, 2010: 109)

Por más que este sea un hecho irrefutable (una condición sustancial de las relaciones humanas) también parece que a Eloy Fernández le incomode, o le ponga en guardia, que la lógica del mercado pueda campar a sus anchas en las relaciones humanas, pues recomienda para sobreponerse a ella una acción activa por nuestra parte, “generar y articular de manera metamediática un espacio relacional que, de otro modo, quedaría por entero en manos del gran sistema de producción (Fernández, 2010:132-3).

Sea como sea, hay que reconocer la capacidad de los individuos de negociar constantemente, como señala Zelizer, el contenido exacto de los lazos sociales importantes. Sabemos dotar de sentido a nuestras acciones aunque, juzgadas des de diferentes puntos de vista, parezcan incoherentes. Como sociólogos, sabemos que aplicamos la razón instrumental a nuestras relaciones (Cupido, auque se lo representa con los ojos tapados, suele acertar con sus saetas), pero en el amor o en la amistad actuamos como si nos dejásemos llevar por el corazón. E. Fernández se pregunta: “Nos engañamos? No, simplemente resulta que para actuar de manera práctica y utilitarista es preciso razonar de manera idealista”. Sin duda, la respuesta debe seguir investigándose.

Referencias bibliográficas:
Beck, U y Beck-Gernsheim, E. (2001) [1990] El normal caos del amor. Las nuevas formas de la relación amorosa. Barcelona: Paidós.
Fernández Porta, Eloy (2010), €0$. La superproducción de los afectos. Barcelona: Anagrama.
Zelizer, V. (2009). La negociación de la intimidad. Buenos Aires: FCE.

Acerca de comemo3

Sociology of Emotions - Research Group
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Una respuesta a Amor y dinero

  1. javier dijo:

    el dinero tiene que ver mucho con el amor, como dice el dicho “el amor con hambre muere”. Como cotejamos a una mujer sin poderla invitar a cine, o ir de paseo al mar, o ir a una disco, o ir a un resataurant, o comprarle algun presente. solo con el miembro viril no se mantiene una relacion.

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