Lágrimas y fútbol

Es frecuente que las cámaras de televisión enfoquen docenas de aficionados con caras tristes y ojos llorosos al final de un partido de fútbol importante cuando su equipo acaba de perder. También algunos jugadores lloran la derrota.

En términos spinozista podríamos afirmar que cualquier derrota nos entristece, porque cualquier derrota, en principio, disminuye nuestra potencia de existir. Todo lo que nos pone límites, que entorpece nuestra capacidad de acción y dificulta nuestra manera de estar en el mundo -y en este sentido disminuye o bloquea la potencia de existir- nos entristece. Y nos alegra lo que la aumenta, lo que nos da poder, nos expande y confirma que vale la pena lo que estamos haciendo.

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Los ricos también lloran… pero menos amargamente?

A veces, para aligerar la pobreza o hacer más soportable la injusticia social, es un clásico recordar que “los ricos también lloran”. Con esto se quiere afirmar que no sólo sienten, como todos los mortales, sino que también están sometidos a las contingencias desgraciadas de la vida y a todo tipo de sufrimientos y sentimientos penosos.

Pero, ¿es posible que ricos y pobres, por simplificar las categorías sociales, seamos iguales en lo que a las emociones se refiere? ¿Sentimos todos lo mismo? ¿Nadie puede escapar a las penas?

La respuesta correcta debería de ser: “bueno, sí, también lloran… pero menos”. ¿Estamos afirmando con esto que la riqueza te evita pesares y sufrimientos? La respuesta es obvia; pero no, no nos referimos a esto. Nos referimos a algo también muy obvio, pero que a veces se pasa por alto: las emociones –y la forma en como las experimentamos- también dependen de la educación recibida, de los contextos sociales en los que se sienten. Podríamos afirmar que las emociones son situadas.

En un artículo relativamente reciente, J. H. Turner (“The Stratification of Emotions: Some Preliminary Generalizations. Sociological Inquiry, Vol. 80, No. 2. May 2010. 168-199.) se pregunta cómo la sociología ha podido ignorar que la estratificación emocional es tan real como la desigualdad económica o de poder y que, sin duda, también tiene efectos en la dinámica social. Cuatro son, según Turner, las emociones básicas, tres negativas (rabia, miedo y tristeza) y una positiva (alegría-satisfacción), y su distribución social es desigual, como sus efectos en la estratificación.

Sin entrar ahora a discutir el valor de esta categorización, la manera en como aprendemos a reconocerlas y a sentir eso o aquello de esta o esa manera por esta o esa causa, depende, en gran medida, del aprendizaje. Expectativas y sanciones son, según Turner, las condiciones básicas para despertar y promover las emociones. La frustración y las sanciones negativas promueven las emociones negativas.  Y estos mecanismos, claro está, son sociales y están socialmente (mal) distribuidos.

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“Cada siete olas”, los happy end y la imaginación.

No es un juicio equivocado pensar que la mayoría de las historias de amor no tienen un final feliz. Todavía tienen menos probabilidad de terminar bien las historias de amor que comienzan con una relación virtual, por aquello de la dificultad de adecuar la realidad a las expectativas. En este tema, sin embargo, la realidad desmiente a la ficción. Muchas de las películas de Hollywood, aunque no sean específicamente historias de amor, nos tienen acostumbrados a un final feliz en el que el amor tiene un papel destacado. También es este el caso de muchas novelas, aunque en la novela está más extendido un final que, a menudo, puede ser superado por la triste realidad.

La continuación del libro de Daniel Glattauer Contra el viento del norte (que hemos comentado en este blog), y que se titula Cada siete olas, nos depara un final de película. La segunda parte de esta historia de amor es, a nuestro entender, demasiado previsible, y se ajusta excesivamente bien a las expectativas y deseos de la educación sentimental que muchos de nosotros hemos recibido. La experiencia empírica nos dice que el amor tiene un diagnóstico difícil, que las historias de amor, cuando se acaban, y son muchas las que suelen acabar, no son fácilmente catalogables entre los “finales felices”. Sin embargo, los finales felices nos satisfacen mucho más. La novela de Glattauer sí tiene un final feliz. Los protagonistas misteriosos, pese a las dificultades, llegan a conocerse, se gustan y se desean. Son relativamente jóvenes y bellos y pueden tener la oportunidad de un nuevo inicio para sus insatisfactorias vidas. Sí, cuando se acaba de leer la novela, como tantas veces al final de una película, lo haces con la satisfacción y el bienestar de un happy end, de una historia de amor que también podrías haber deseado para ti.

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El “Cirque du Soleil” y la melancolía

Los anuncios del último espectáculo en Barcelona del Cirque du Soleil, “Corteo”, nos llamaron la atención porque todas las imágenes de los personajes que los autobuses de línea paseaban por la ciudad eran caras tristes, melancólicas, o así nos parecieron.

Nos hemos asomado a la red para buscar imágenes de alguno de sus otros espectáculos, Alegría, Saltimbanco, Mistère… y en todos ellos predominan las caras de la melancolía (o la ausencia de sonrisas o rostros alegres). También este es el tono emocional de la mayoría de sus vídeos (http://www.cirquedusoleil.com/es-es/home.aspx#/es-es/home/europe/spain.aspx). En raras ocasiones sus personajes dejan escapar una sonrisa y aún cuando lo hacen es tan tenue, tan frágil, que refuerza más, si cabe, el fondo de (aparente) tristeza (http://www.cirquedusoleil.com/es-es/home.aspx#/es-es/home/europe/spain.aspx).

Como se afirma en su web, desde 1984 el Cirque du Soleil ha buscado constantemente seducir a la imaginación, estimular los sentidos y apelar a las emociones de los espectadores de todo el mundo, y con ello ha conseguido que su espectáculo sea consumido por millones de espectadores (más de cien millones, se nos dice) y así mantener sus carpas por todo el mundo.

¿Cómo es que los espectadores se sienten tan atraídos para sumergirse en “un mundo teatral y misterioso, en algún lugar entre el cielo y la tierra, que mezcla la diversión, la comedia y la espontaneidad”¿Cómo es que, pese a lo que nos dice el marketing publicitario sobre mostrar al espectador caras alegres y ambientes confortables y hedonistas, nos dejamos arrastrar –pagando una gran cantidad de dinero– a los mundos casi siempre melancólicos y tristes del Cirque du Soleil? ¿De qué clase de energía emocional nos recarga la participación colectiva en el ritual de asistencia a un espectáculo del Cirque du Soleil?

Mientras que en el caso de la publicidad se trata de suscitar a través de la imaginación del espectador una emoción (positiva y alegre) ligada al producto que se pretende vender, en el caso del Cirque du Soleil se trata de participar en un ritual en el que las emociones suscitadas nos recargan emocionalmente como si fuéramos una batería eléctrica. Mientras que el consumo es siempre un acto solitario, el circo nos hace participar de cierto ritual colectivo, aunque en las emociones suscitadas se entremezcle la tristeza, el miedo, la compasión y la alegría.

Los personajes del circo, especialmente aquellos que están encargados de presentar el espectáculo, de acompañar al espectador a lo largo de las diferentes representaciones, han de ganarse la simpatía (cum+pathos) del publico, su conmiseración. El payaso, que todavía representa la esencia de este espectáculo, es el mejor ejemplo del cómico que haciendo reír o llorar al público ha de ganarse su compasión o simpatía.

La melancolía es un sentimiento prestigioso y muy presente en el mundo moderno (recuérdese el Spleen de Baudelaire). Es fácil apelar a este tipo de emociones para inmergirnos en el espectáculo del circo y crear el ritual de integración y pertenencia que al acabar la sesión nos inunda y tanto nos satisface.

También las músicas seleccionadas en el Cirque du Soleil son “ melancólicas” (si este adjetivo sirve para la música) y nos acompaña en la celebración del ritual de iniciación y pertenencia. El espectáculo del Cirque du Soleil pretende ser mágico y transportarnos a un universo finito pero lleno de significado, como nos transportaría un sueño o una película o un cuento… o simplemente un bolero o un fado.

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La música (de Ch. Baudelaire)

¡La música frecuentemente me coge como un mar!
Hacia mi pálida estrella,
Bajo un techado de brumas o en la vastedad etérea,
Yo me hago a la vela;

El pecho saliente y los pulmones hinchados
Como velamen,
Yo trepo al lomo de las olas amontonadas
Que la noche me vela;

Siento vibrar en mí todas las pasiones
De un navío que sufre;
El buen viento, la tempestad y sus convulsiones

Sobre el inmenso abismo
Me mecen. ¡Otras veces, calma chicha, gran espejo
De mi desesperación!

La musique
Charles Baudelaire (1821-1867)

La musique souvent me prend comme une mer!
Vers ma pâle étoile,
Sous un plafond de brume ou dans un vaste éther,
Je mets à la voile;

La poitrine en avant et les poumons gonflés
Comme de la toile
J’escalade le dos des flots amoncelés
Que la nuit me voile;

Je sens vibrer en moi toutes les passions
D’un vaisseau qui souffre;
Le bon vent, la tempête et ses convulsions

Sur l’immense gouffre
Me bercent. D’autres fois, calme plat, grand miroir
De mon désespoir!

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Lloros por la muerte del líder nordcoreano Kim-Jong-Il.

Cuando a mediados de diciembre pasado la mayoría de cadenas televisivas retransmitían las imágenes de miles de ciudadanos norcoreanos, de militares y de líderes políticos, llorando a moco tendido la muerte del líder Kim-Jong-il, algunos de los locutores no podían dejar de explicitar su escepticismo ante la “sinceridad” de ese dolor y de aquellas lágrimas. Las docenas de vídeos en Youtub que muestran estas escenas de dolor público están acompañadas por cientos de comentarios escépticos o irónicos.

Desde el espacio privado de nuestro comedor o en la intimidad desde la cual miramos el ordenador, puede resultar muy difícil “creer” en la sinceridad de las lágrimas por el “padre de la patria” Kim-Jong-il. ¿Cómo pueden salir de dentro, sinceramente, y de forma ostentosa, tantas lágrimas de dolor?

La respuesta es que estas lágrimas no son la expresión del dolor de cada uno de los individuos por la muerte de Kim-Jong-il, sino la representación pública del dolor por la muerte del líder. No se trata de una emoción personal que se expresa públicamente, sino de un ritual social.

La definición de ritual de la wikipedia, que recoge bien la herencia de Durkheim, es correcta: se trata de un conjunto de acciones que se actúan por su valor simbólico. Está prescrito que se haga así y no es un comportamiento que calificaríamos de espontáneo. Los rituales se llevarán a cabo, individualmente o en grupo, cuando está mandado-y en ese momento estaba mandado que fuera así. Su propósito, en este caso, consistía en el estrechamiento de los vínculos sociales del pueblo norcoreano con sus líderes, la demostración de sumisión y la obtención del respeto social. (Http://en.wikipedia.org/wiki/Ritual)

Para más de un individuo, seguro, el dolor también era sentido tal y como lo podría sentir y mostrar cualquiera de nosotros (si esta fuera una comprobación posible) en el velatorio de un ser querido. Pero eso, en este contexto, tiene poca importancia. Esta no es una cuestión pertinente.

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Ginebra – ESA Conference

Hace justo una semana un grupo de investigadores de GRECS (Isaac Gonzàlez, Francesc Núñez, Ana Rodríguez-Granell, Swen Seebach y Natàlia Cantó-Milà) llegaban a Ginebra, al congreso bianual de la Asociación Europea de Sociología (ESA) para presentar los resultados del trabajo realizado durante el pasado año académico. En total condensamos los resultados de ese trabajo en cinco ponencias orales, una mesa redonda y un póster. Para difundir los fundamentos de ese trabajo, publicaremos en los próximos días los abstracts (traducidos) del trabajo presentado.
El primer abstract viene a continuación:

Sacrificios Visuales – La representación del cuerpo, del deseo y la feminidad en el cine contemporàneo
Ana Rodríguez-Granell, Swen Seebach & Natàlia Cantó-Milà

Abstract: Desde principios del pasado siglo, han tenido lugar cambios sociales significantes. Esta comunicación se basa en la idea de que estos fenómenos se hallan vinculados a la transformación de un capitalismo basado en la producción en un capitalismo basado en el consumo de masas. En este proceso hacia la generalización de la sociedad de consumo de masas, tal modelo no sólo hizo del consumo un medio para satisfacer necesidades y deseos, sino que nosotros mismos, nuestras interacciones y relaciones se han convertido en objetos de consumo o son mediadas por el consumo. Un elemento importante en la generalización y domesticación de estos procesos de cambio social ha sido el cine. Mirando e identificándonos con determinadas imágenes proyectadas sobre la pantalla, y relacionando dichas imágenes con nuestras vidas, hemos aprendido lentamente a escenificar, a “performar” e incorporar lenguajes e imaginarios contenidos en producciones cinematográficas y, en cierto modo, nos hemos podido percibir a nosotros mismos y en nuestra relación con los demás a través de lo filmado por el objetivo de una cámara.
Esta comunicación explora la hipótesis de que los cambios más sustanciales que han tenido lugar en la modernidad tardía, mediados por los mass media y especialmente el cine, entran en interacción con la percepción de la materialidad, es decir, de nuestra materialidad como cuerpos que rozan especialmente esas esferas de la vida social en las cuales el cuerpo tiene un papel principal. Es más, los discursos e imágenes que vamos a analizar, concretamente utilizan unas dimensiones que atañen a lo corporal de forma especialmente pertinente: los deseos y las emociones. La presentación de emociones, deseos y cuerpo son cruciales en un análisis acerca del carácter disciplinario de una producción cultural como el cine.
Esta comunicación examina las formas en las que los imaginarios del cuerpo, los deseos y las emociones están representados en las películas a la vez que presentan ciertos patrones discursivos y semejanzas entre sí que pueden señalar la hegemonía de unos comportamientos socialmente extendidos. Para realizar este ejercicio, nos hemos centrado en el análisis de cinco películas: Revolutionary Road, Existenz, Black Heaven, The Pianist and The Matrix.

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El amor y otros demonios en los tiempos de Internet

El jueves 26 de mayo iniciamos en el Centro de Cultura Contemporánea de Valencia (Centro Octubre) el ciclo de conferencias “Domesticando las tecnologías digitales” (http://www.octubre.cat/activ_cat.php?id_categoria=3).

La primera conferencia, “El amor y otros demonios en los tiempos de Internet”, a cargo de Francesc Núñez, se centró en algunas de las transformaciones experimentadas por el amor en los últimos decenios.

Aprovechando las reminiscencias del título de la conferencia con dos libros de Gabriel García Márquez y la idea del amor platónico como un ser intermedio entre el mundo sensible y el inteligible, se centró el tema del amor en tanto que emoción social, es decir, teniendo en cuenta que la emoción es un conjunto de mecanismo de percepción, de procesos interpretativos y de respuestas fisiológicas a estímulos. Esto es –siguiendo la orientación de E. Illouz en el tema–, las emociones ocupan un espacio fronterizo (intermedio, ¿como el eros platónico?). Entre el cuerpo y la cultura, donde cuerpo, cognición y cultura se fusionan.

Para organizar la exposición, se partió de la teoría triangular del amor de R. Sternberg, que describe la pluralidad de sentimientos amorosos-o formas de amor- como una combinación de intimidad, pasión y compromiso. Dejando de lado el valor de esta teoría, la conferencia se centró en las transformaciones en la intimidad, en la pasión y en el compromiso, transformaciones que las nuevas tecnologías no han hecho más que amplificar.

En la línea del libro de M. Foessel comentado en este blog, se señalaba como la equiparación (o inclusión) de lo íntimo con lo privado abría las puertas a la calculabilidad (a la posibilidad de intercambiar o enajenar mediante contratos) en las relaciones íntimas y, en concreto, en las relaciones amorosas.

Esta reclusión de la intimidad en la esfera de la privacidad es perfectamente congruente con los cambios en cómo venimos pensando la pasión amorosa desde que-en la línea de las investigaciones realizadas por E. Illouz- la confundimos con los intereses (económicos), con la búsqueda de la igualdad y de la satisfacción personal. La racionalidad y la capacidad de control que esto nos permite (y que la búsqueda del amor en Internet nos ilustra muy bien) nos ha llevado de la vivencia de un amor “ciego e infinito” a un amor finito, circunstancialmente apasionado y conveniente.

Esta idea permite incidir en algunos cambios en el compromiso en la línea de los apuntados por A. Giddens cuando habla del amor confluente y la relación pura. El amor se debe entender como una relación social que se establece por iniciativa propia y que se mantiene en la medida en que ambas partes se sienten suficientemente satisfechas.

Por otra parte, Holschild, en un artículo del año 1995 (“The socilogy of emotion as a way of feeling”) se resaltaba la tensión amorosa entre la voluntad de incondicionalidad y la incertidumbre del vínculo.El resultado es que el amor adopta las estrategias del capital (móvil y cambiante) para gestionar todas las emociones asociadas y así limitar los vínculos emocionales para adaptarse a la cultura desestabilizadora del capitalismo. De hecho, esta práctica emocional acaba generando también unas emociones de este tipo

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